La característica más evidente del concreto ligero es, por su puesto, su densidad, la cual es siempre considerablemente menor que la del concreto ordinario y con frecuencia, sólo una fracción de la misma.

El concreto ligero posee una densidad en el orden de los 1440 a 1840 kg/m3 en comparación con el concreto de peso normal que presenta una densidad de 2240 a 2400 kg/m3.

Las ventajas de tener materiales de baja densidad son muy numerosas; por ejemplo, reducción de las cargas muertas, mayor rapidez de construcción, menores costos de transporte y acarreo. El peso que gravita sobre la cimentación de un edificio es un factor importante en el diseño del mismo, especialmente hoy en día en que la tendencia es hacia la construcción de edificios cada vez más altos.

El uso del concreto ligero ha hecho posible, en algunas ocasiones, llevar a cabo diseños que de otra forma hubieran tenido que abandonarse por razones del peso. En estructuras reticulares, los marcos deben de llevar las cargas de pisos y muros; en ellos se pueden lograr considerables ahorros en su costo si se utilizan losas de entrepiso, muros divisorios y acabados exteriores a base de concreto ligero.

Una característica menos clara, pero no menos importante del concreto ligero es la conductividad térmica relativamente baja que posee, propiedad que mejora conforme se reduce su densidad. En los últimos años se ha dado mayor importancia a la necesidad de reducir el consumo de combustible de los sistemas de calefacción de los edificios, mientras se mantenga, o de ser posible se mejore, el ambiente a una temperatura confortable dentro de ellos.

Lo anterior se podrá entender si se advierte que un muro sólido de concreto aireado de 15 cm de espesor proporciona un aislamiento térmico aproximadamente 4 veces mayor que el de una pared de ladrillo de 23cm de espesor.